El paisaje en la legislación y en la Montaña Leonesa

Autor: Javier Santos González

El concepto de paisaje ha ido evolucionado con la sociedad, debido a que tiene un componente subjetivo muy marcado. Así, hasta bien entrado el siglo XX, el paisaje se asimilaba con los espacios naturales de mayor singularidad, o bien a la representación artística de ellos. Sin embargo, esta concepción se ha ido modificando para integrar al hombre, puesto que el paisaje actual es fruto no solo de elementos naturales (relieve, agua, vegetación, clima, geología…) sino también de las actuaciones humanas. En realidad, en España no podemos hablar de paisajes totalmente naturales, sino que el componente cultural está siempre presente, en mayor o menor medida.

El Convenio Europeo del Paisaje, elaborado en el año 2000, define el paisaje como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”. Es este un documento que tiene una gran transcendencia, puesto que, tras su ratificación, los Estados se comprometen a gestionar y proteger sus paisajes, y a elaborar legislación al respecto.

En España, el citado convenio entró en vigor en el año 2008 y desde entonces se ha empezado a desarrollar un marco legislativo específico. Así, aunque previamente ya se contemplaba el paisaje, de forma vaga, como un elemento más a proteger, junto a la geología, la flora o la fauna, no es hasta el siglo XXI cuando el paisaje empieza a ser realmente tenido en cuenta en la protección del territorio (Florido Trujillo y Lozano Valencia, 2005).

De ese modo se han ido desarrollando leyes autonómicas específicas sobre el paisaje, algunas ya en vigor, como las de la Comunidad Valencia (2004), Cataluña (2005) o Galicia (2008), y otras en tramitación, como las de Cantabria y el País Vasco, o bien Estrategias de Paisaje, como la aprobada en Andalucía en 2012. También se incluyen figuras de protección específicas, como los “Paisajes protegidos” (Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Castilla la Mancha y Murcia) o los Paisaje de Interés Cultural (Andalucía). Asimismo, se han creado algunos centros autonómicos de referencia para el estudio del paisaje, como el Observatorio del Paisaje de Cataluña y el Centro de Estudios de Paisaje y Territorio de Andalucía. Por su parte, existe un Plan Nacional de Paisaje Cultural que se centra en aquéllos paisajes de especial interés en el ámbito cultural.

Este marco normativo es muy importante, puesto que al menos obliga a tener en cuenta el impacto sobre el paisaje cuando en el territorio se realiza una obra de cierta envergadura, afecte o no a Espacios Naturales Protegidos. De ese modo se están llevando a cabo medidas correctoras para reducir los impactos visuales que producen algunas infraestructuras y equipamientos. También se llevan a cabo análisis y valoraciones de las unidades de paisaje existentes en los territorios, con el objetivo de determinar aquellas más singulares, y crear catálogos de paisaje, como el existente en la CA de La Rioja.

Hoy en día, el paisaje está cobrando una mayor importancia dentro de los inventarios del medio natural de los espacios protegidos, pero también en los estudios de impacto ambiental de obras de mediano y gran tamaño y en los instrumentos de Ordenación del Territorio. En este sentido, no conviene olvidar que muchos de los Espacios Protegidos se han declarado debido a sus valores paisajísticos, a pesar de que la mayoría de ellos apenas recogen todavía medidas de gestión y protección al paisaje.

Otro tema de interés, es la incorporación del paisaje a la normativa urbanística municipal, aspecto aun escasamente desarrollado, si bien en las Islas Baleares, las figuras de “Áreas rurales de interés paisajístico” y “Áreas de asentamiento en paisaje de interés” se encuentran dentro de las áreas de protección del Régimen Urbanístico.

En Castilla y León el paisaje es todavía un elemento que apenas aparece recogido en la legislación autonómica, si bien está previsto que se añadan los “Paisajes sobresalientes” a la red de Espacios Naturales ya existente. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en relación a la protección del paisaje, tanto desde el punto de vista teórico (determinación, análisis y valoración de la calidad y de la fragilidad de las unidades de paisaje regionales), como práctico (medidas correctoras para la disminución de los impactos paisajísticos, legislación no sólo a nivel autonómico, sino promovida desde los municipios para conservar su paisaje).

Figura1. El Valle de Valdeón

Figura 1. El Valle de Valdeón y el macizo central de los Picos de Europa constituyen uno de los paisajes más sobresalientes de la Montaña Leonesa. Este paisaje es el resultado de la geología, la geomorfología, el clima, la vegetación y el hombre. Es también un paisaje cambiante, que estuvo cubierto de glaciares durante la última glaciación, y que hoy en día varía notablemente con las estaciones. Las herencias del pasado tienen también una gran transcendencia en el paisaje actual. Imagen: Javier Santos.

En la Montaña Leonesa, el paisaje actual no se puede entender sin la influencia del hombre, como especie dominante en el territorio. Incluso las más agrestes peñas calcáreas de la montaña han tenido alguna influencia por el hombre, a través de incendios o del pastoreo de cabras. El mosaico actual de bosques, prados, cultivos (en su mayor parte hoy abandonados), pastizales, roquedos y pueblos viene definido por los diversos aprovechamientos tradicionales. Por ejemplo, la mayoría de los bosques se sitúan en zonas de fuerte pendiente y/u orientación norte, dónde apenas había posibilidad de realizar un aprovechamiento agrario.

Actualmente, el paisaje de la Montaña Leonesa está cambiando, debido a que el paisaje es en buena medida el resultado de las funciones que el hombre realiza en él. Las antiguas tierras de centeno prácticamente han desaparecido, siendo sustituidas por matorrales y monte bajo. Los pastizales de altura apenas son utilizados por los ganados trashumantes y se vuelven menos complejos. Los bosques tienden a avanzar, por la presencia de menos ganado. Canteras, tendidos eléctricos, parques eólicos, vías de alta velocidad, etc., salpican el paisaje y producen importantes alteraciones visuales. Las nuevas construcciones urbanas no siempre se integran en los pueblos y transforman notablemente el paisaje rural.

Figura2. Hombre en el paisaje

Figura 2. La mano del hombre ha transformado, en ocasiones de forma irreversible, el paisaje natural configurado por procesos físicos. Toda acción en el territorio genera una huella, por lo que debemos ser cuidadosos para intentar que nuestros aprovechamientos se integren de la mejor manera posible en el paisaje tradicional, de forma que nos sigamos identificando con el mismo. Imagen: Valle de Orallo, fotografía de Javier Santos.

En general, estamos ante un paisaje menos diverso y con más signos de degradación, lo que no solo tiene consecuencias naturales, sino también sobre el aprovechamiento turístico que se pueda hacer de él y, lo que es aún más importante, esos cambios afectan a la seña de identidad de sus habitantes. Es labor de todos involucrarnos en la conservación y restauración del paisaje, adelantándonos a las normas municipales, autonómicas o estatales y siendo partícipes de la gestión de nuestro paisaje.

Esa conservación del paisaje no debe estar reñida con los avances tecnológicos y las nuevas infraestructuras, pero si implica de ser más cuidadosos a la hora de integrar estos aspectos dentro del paisaje tradicional, para no perder no sólo el atractivo turístico de nuestra Montaña, sino incluso el factor clave que nos identifica con nuestra tierra. No debemos olvidar que somos parte del paisaje, y que lo que hagamos en él nos puede afectar a nosotros, a los que nos rodean y a las generaciones futuras.

 

Referencias:

Florido Trujillo, G. y Lozano Valencia, P., 2005. Las figuras de protección de los espacios naturales de las Comunidades Autónomas españolas: una puesta al día. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 40: 57-82.

Mata Olmo, R., 2008. El paisaje, patrimonio y recurso para el desarrollo territorial sostenible. Conocimiento y acción pública. ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura, 729: 155-172.

Zoido Naranjo, F., 2010. Territorio y paisaje, conocimiento, estrategias y políticas. En: F. Pillet Capdebón, M.C. Cañizares Ruiz y A.R. Ruiz Pulpón (Eds.). Territorio, paisaje y sostenibilidad: un mundo cambiante. Ed. Serbal, Barcelona, pp. 85-112.

 

Imagen: Javier Santos González

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