Trashumancia, algo más que recuerdos de infancia

Autora: Edi Cobas.

Los puertos de Laciana acogían durante el verano miles de cabezas de ganado

Ovejas, pastores, mastines, cabras… para tocar, oler, perderse y vivir la experiencia plenamente o al menos así lo vivo ahora cuando han transcurrido más de 30 años desde que por última vez llegaron miles de ovejas a Villablino, a Laciana, rumbo a los puertos de la vecina Orallo.

Ser lacianiega, y perdonen la inmodestia, es un “lujo”. Yo, al menos siempre lo he visto de esa forma. Laciana, a los ojos primero de una niña y ahora en plena madurez, me ha permitido crecer y convivir con la actividad industrial –minera, con todo ello implica-, pero a la vez vivir plenamente otra forma de vida: la que ofrece la ganadería tanto de vacuno, a la que se dedicaban muchos de sus habitantes, como la ovina que se mostraba en toda su plenitud cuando llegaban, y eran miles, las ovejas que traía a la zona la trashumancia.

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Volvían todos los años, su origen Extremadura y era un espectáculo que, yo al menos, por aquella época una “nena”, no me perdía ningún año. Ver, oler y, si me dejaban los pastores, tocar los corderos recién nacidos y los mastines, era un acontecimiento que esperaba todos los años con ilusión, para desesperación de mi madre que no entendía “la gracia” de llegar a casa sucia y oliendo “no precisamente a rosas”.

 

Madrid y la trashumancia 

La vida, que dicen que es un “tango”, pero yo prefiero decir que es cómo es y nos lleva, casi arrastra, donde le apetece, “transportó a la nena” a la capital, o sea Madrid, que ha sido generosa conmigo y me acogió – como a tanta gente-, con bastante benevolencia. Algo que sigue haciendo, ya que sigue aguantando a pesar de que –y espero que me perdone-, tras 30 años de vivir en ella me sigo sintiendo, lacianiega, que le vamos a hacer.

Pero Madrid es un crisol de gente, variada, de todo lugar y entorno, son extranjeros y turistas y un montón de “transportados como yo”… y, también lo es, un crisol de experiencias.

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Y es en ese entorno donde se entiende que sea en Madrid, esa gran ciudad,  quien acoja la fiesta de la Trashumancia, a lo grande y que, además lo haya logrado a lo largo de veinte ediciones consecutivas. En definitiva, sólo  Madrid podría ofrecer el espectáculo de 2.000 ovejas “circulando” por la calle Mayor, Alcalá, Cibeles para llegar con su paso –no exento de cierta ceremonia-, al Retiro, embarcarse de nuevo en los camiones y volver a sus orígenes, variado porque había rebaños de varios lugares del país.

Y es en Madrid donde se puede apreciar la cara de sorpresa, asombro, pasmo…, y así hasta cien calificativos, de los cientos de turistas que observaban con asombro el paso de las ovejas, su intento de no pisarse las unas u las otras o los sones de la música tradicional que acompañaron todo el recorrido.

Foto2En ese entorno, una lacianiega, “transportada a la capi”, lo único que podía sentir es como los recuerdos volvían de golpe. Entre el ruido y las exclamaciones de los madrileños, volvía a oír el ruido del lento caminar de las ovejas cuando entraban por la carretera nacional, atravesaban todo Villablino camino a los puertos de Orallo. Escuchaba los silbidos de los pastores llamando a los pastores y los bramidos de los corderos recién nacidos reclamando su alimento.

 

La ciudad, mi querida Madrid,  sustituye las verdes montañas por el gris de los edificios, lo que produce una “cierta sensación de irrealidad”, y las ovejas, mientras luchaban por no resbalar en el asfalto, parecían ser conscientes de que ese no era “su lugar”, conscientes también del “increíble” contraste que suponía su presencia en la Puerta del Sol o el edificio de Correos, espectacular en sí, ya en las cercanías de la tan conocida La Cibeles.

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Bien es cierto que faltaban los mastines, y los pastores con sus vistosos ropajes –llevando al hombro los corderos recién nacidos y los mastines también recién nacidos-, es verdad que el olor no era, ¿tan potente?, que el paso de las ovejas no era el mismo… es verdad que la trashumancia real no se acompaña de músicos y vistosos trajes tradicionales, pero lo que sí es cierto es eso, que Madrid ha sido pionera en destacar y defender lo que fue, no hace mucho, el modo de vida de muchas personas y una gran riqueza para el país.

Laciana ya no tiene trashumancia, hace años que no “vuelven los pastores”, que  “ya no se van”, como dice la canción –que niño lacianiego no la conoce-, quedan los recuerdos, lo que fue y ya no es.., queda la belleza de sus montañas y los pastos, verdes, quizás esperando que las ovejas vuelvan… ojalá que las volvamos a ver. Quizás quien escribe estas líneas, desde el corazón, no tenga que acercarse a la Puerta del Sol para emocionarse de nuevo con el lento caminar de las ovejas que ya no iban al encuentro de los pastos, sino de los camiones que les llevarían a su lugar de origen y que no era, una pena, Laciana.

 

Imágenes: Edi Cobas

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1 Comentario Trashumancia, algo más que recuerdos de infancia

  1. Cesáreo Fernández

    Muchas gracias Edi Cobas. Nos das fuerzas para seguir en esto. Por allí andaba nuestro amigo Jesús Garzón. Le debemos una oportunidad para que este gran Pedazo de Patrimonio de nuestra Montaña Leonesa siga construyendo comunidad y riqueza en España.

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